LA HISTORIA DE MANOLO "SIEMPRE"
De pequeños lo veíamos tardar unos 15 minutos en bajarse de la guagua, despidiéndose con todo el mundo mientras llegaba a la bajada. El chofer le pedía prisa para así cumplir con su trabajo, pero su equilibrio no le daba para más. Su parada estaba delante de nuestro sitio de reunión y como veía gente (no sé a cuantos veía) se paraba. Manolo, conocido comúnmente en Arucas como "Siempre", ya que siempre estaba borracho, tiene su historia.
Su padre era el panadero del barrio y aunque también le gustaba el Ron, nunca dejó de trabajar. Siempre se le veía caminando (nunca tuvo carnet ni creo que supiera escribir) casa por casa para que a nosotros no nos faltara el pan antes de levantarnos de nuestros plácidos sueños. Aún recuerdo el saco-talega que cargaba, que era más grande que él. Muy buena gente, sí señor, buena gente. Si alguien del cine lo hubiera visto, seguro que lo hubiese cogido para hacer de extra en el Señor de los Anillos, por supuesto, como hobbit. De muy pequeño me asustaba, Manolo Padre era "mi hombre del saco". Cuando lo conocí, cambió mi opinión: era como lo que distribuía, un pedazo de pan. Murió con las botas puestas, desempeñando su labor.
Manolo, único hijo varón, lo intentó, pero no encontró su hueco en éste mundo o no superó su infancia infeliz (miseria, hambre y abandono materno) y encontró en la botella de Ron su mejor compañera.

Heredó la casa de su padre. Nunca supe cómo sobrevivía, hasta que una vez vi a su "sufrida hermana" que le hacía las visitas para traerle comida y llevarse la colada. También recordaré que cuando salía a trabajar con mi padre a horas muy tempranas (5 o 6 de la mañana) lo encontrábamos en la puerta, peleándose con la cerradura o con las llaves.

Más de una vez lo encontramos delante de la puerta, meado y tumbado en el suelo. Entonces sabias que ese día, la cerradura le había ganado (muchas veces los vecinos le abrían e incluso, una vecina llegó a tener su llave para sacarle del apuro).
Manolo "siempre" tenía un hueco para "charlar" con la juventud, o simplemente, cogía resuello con nosotros para después caminar los 300 metros que le separaban de su "maldita" cerradura.
En sus bolsillos sólo había un pañuelo arrugado y una armónica,
que sacaba para deleitarnos con su repertorio. Y si ese día nos habíamos citado con las guitarras y algún cacharro que nos sirviera de percusión, aparecía de la nada y allí se acoplaba, con su armónica, intentando tocar los "nuevos ritmos" de la juventud...
A la pregunta, Manolo ¿Cuánto tiempo tardas en llegar a Arucas? Manolo respondía: "Depende de un alma caritativa o de mis pies. Entre quince minutos a media hora". ¿Y cuánto tiempo tardas en regresar? "Pues, entre un día y unas semana, según la tajada".
Aún vive; sus 60 años parecen 90, y su filosofía sigue siendo la misma: "Nunca he tenido resaca, porque antes de que se me baje la tajada, me echo otro buche y empato una con otra, sin soltarla. Así no veo bichos". En la última conversación que tuve con él, me nombró a su admirada hermana: se nota que siente por ella algo, que le desgarra el alma.
Pues sí, vi a Manolo, e iba con la misma tajada de hace 20 años, aún no la había soltado.
ACTUALIZACION: Manolo muri'o en Enero de 2007 de un fallo cardiaco. DEP.

Luz dijo
Es una historia triste. Y muy común. Bueno... cada cual llevamos nuestra propia tajada. Las noches de verano son apropiadas para conocer historias como la que has contado. En la península son las 2:26. Buenas noches, amigo.
5 Agosto 2005 | 02:26 AM